Algo más que un viaje: por Elena Arranz Martínez

Cuando Paula puso el pié en la estación de Atocha,  el enorme reloj acoplado en la pared del fondo marcaba las 18:00 horas. Si todo iba según lo previsto, el  tren con destino Sevilla partiría en 15 minutos escasos. Entretanto, Paula se aseguró de que todo estaba en orden y de que se dirigía al lugar correcto, donde una persona la esperaría para ayudarla a acomodarse en el tren.

 

 

 

A unos 20 metros vislumbró un joven uniformado que se iba aproximando hasta pararse delante de ella. El chico, con pelo muy corto y ojos de un verde espectacular, se acercó a Paula con gesto amigo y le preguntó -¿eres Paula?- y ella asintió sonriendo. Una vez se presentó, el auxiliar le explicó que a partir de ese momento él sería el responsable de que su viaje fuese lo mas cómodo y agradable posible, hecho que tranquilizó a Paula, que en aquel momento estaba pensando “que bien huele este chico, madre mía…” Tras esto, procedió a llevarla a la plaza que le correspondía dentro del vagón y la situó de forma que se sintiera segura ya que le quedaban por delante dos horas y media de viaje.

Una vez allí acomodada, Paula respiró hondo, y unos minutos mas tarde comenzó a notar como el tren ya partía.

A su alrededor, las personas viajaban sentadas en sus butacas. Paula  que era muy observadora  desde pequeña, les analizaba en silencio. Se fijaba en si leían, si miraban por la ventanilla, si fruncían el ceño, si dormían o escuchaban música, si viajaban solos o si al hablar por teléfono hacían  mas o menos aspavientos… Era una persona muy intuitiva, lo que le permitía  adivinar con muy poco margen de error si eran felices o desgraciados, valiéndose tan solo de sus miradas y gestos.

En su interior burbujeaba una mezcla de sensaciones contradictorias, fruto de las circunstancias en que se encontraba. Estaba expectante pero tranquila al mismo tiempo, tenía miedo pero conseguía contenerlo, e incluso en algunos momentos se sentía segura de si misma. Estaba entusiasmada por la entrevista, sin embargo era el hecho de tomar las riendas de su propia vida lo que la emocionaba profundamente, mucho más allá del posible resultado… Se felicitó por haber sido seleccionada, se sintió adulta y optimista ante el reto al que se enfrentaba y feliz consigo misma por haber sido capaz de encararlo, le diesen  finalmente el puesto o no.

La entrevista, le ocupó la mente durante todo el viaje. Repasó mentalmente las técnicas que le habían enseñado para defenderse en una entrevista de trabajo, qué habilidades destacar, que frases no decir bajo ningún concepto y como controlar su lenguaje corporal. Se imaginó a si misma trabajando en aquel centro, y sintió que un ejército de mariposas revoloteaban por su estómago describiendo círculos, como si estuviese enamorada, pero casi con mas violencia.

En un rato, desfilaron por su mente todos los obstáculos que había tenido que superar hasta entonces. Recordó lo difícil que había sido su admisión en la escuela de nutrición y dietética dos años antes y cuanta energía y dedicación tuvo que invertir en cada examen, cuantas horas de estudio, cuanta fuerza e ilusión diarias para no sucumbir al desánimo, cuanto…sacrificio al fin y al cabo.

Ahora, casi tres años después de aquello, sentía que probablemente se encontraba a las puertas de recibir su merecida recompensa. Sonrió pues, para si misma, satisfecha por haber creído firmemente el mensaje que su corazón le dictaba día tras día: “Todo se puede conseguir con esfuerzo y perseverancia”.

 

 

Cuando terminó su viaje mental casi había acabado también su viaje en tren. Los pasajeros se apelotonaban con sus respectivas maletas  en la puerta de salida, como si fueran a dar un premio al más rápido.

Antes de que el vagón quedase vacío por completo, apareció Miguel, el mismo chico de ojos verdes y mirada amable que la acompañó en la entrada. Con él pudo bajar por una cómoda rampa, que suponía el último paso en su trayecto hacia Sevilla.

 

 

 

Una vez en el apeadero, Miguel se inclinó y le preguntó que había venido a hacer a Sevilla.  Paula se sintió cómoda y acogida por él, y contestó a sus preguntas. Le explicó que estaba nerviosa por la entrevista de trabajo que tenia al día siguiente. Tras un par de densos minutos de conversación, acompañados de sonrisas y miradas cómplices, Miguel, le deseó suerte en su entrevista.

– Encantado Paula, me encantaría volver a coincidir contigo otro día, ha sido un placer acompañarte – le dijo sonriendo y desplegando sobre ella toda esa luz verde que proyectaban  sus ojos.

Paula ya volvió a quedarse sola y dirigió su mirada al final del anden, donde se suponía que la esperaba Laura. Mientras avanzaba por la plataforma pensaba en aquel chico, en la impresión que le había causado, tenia algo… era su sonrisa, pero aun mas, eran sus ojos… tenia una mirada especial,  tan transparente y limpia que Paula había podido percibir la bondad de su corazón a través de ellos. 

Cuando por fin llegó al final del andén comprobó que Laura la esperaba con gesto impaciente, aunque sonriendo.  Laura había sido  su asistente personal desde que hace tres años la admitieran  en la escuela de nutrición y dietética. Era risueña y jovial y, aunque no era especialmente guapa, tenía un aura y una personalidad que la hacían muy atractiva a la gente en general y a los hombres en particular.

-¡Hola!  Dijo Paula, con su tímida sonrisa.

Laura se inclinó para  darle un par de besos

– ¿Qué tal el viaje? – Preguntó Laura.

 Paula le contó a grandes rasgos como había sido su trayecto. Le habló de lo cómodo que le había resultado y lo corto que se le había hecho, del buen servicio recibido, pero, pese a la confianza que tenia con Laura, decidió omitir la sensación tan bonita que le había dejado su encuentro con Miguel. La imagen de aquel chico le acompañaría ya durante el resto del día, compartiendo espacio en la mente con la entrevista y amortiguando un poco la inquietud que sentía por esta.

Tras algún, “¿nos permite? Perdone, ¿nos deja pasar?”, las chicas lograron salir a la calle apresuradamente. Laura había aparcado en doble fila, corriendo así el riesgo de encontrarse bajo el limpiaparabrisas de su coche el odioso papelito rosa que hundiría aun más su ya sumergida economía.

Una vez en el interior del coche y a salvo de las multas comenzaron a charlar.

-Bueno y ¿Qué tal están tus padres y hermanos, allí en Madrid?

-Todos muy bien, pero también algo nerviosillos por mi viaje y por la entrevista de mañana, pero es  normal – respondió Paula.

 

 

 

El tráfico no estaba nada fluido a esas horas en Sevilla. Un importante evento deportivo había congregado a cientos de personas muy cerca de la estación de Santa Justa.  A lo lejos se veía un paisaje repleto de luces rojas, verdes y ámbar que trataban de poner orden en aquel caos. El claxon de un coche no paraba de sonar y ambas se miraban preguntándose que quería aquel señor tan malhumorado.

Mientras tanto seguían  hablando de sus cosas, Laura le hablaba de su último fin de semana de senderismo y Paula le contaba de sus expectativas laborales, tratando de mantener los nervios a raya. Ahí reparó en que su nariz había memorizado el olor de Miguel y que podía  percibirlo, media hora después de haberse despedido de él. Sin embargo aquel molesto claxon no paraba de sonar, cada vez más fuerte e insistente, cada vez más insoportable, cada vez más… y más…

Cuando Paula abrió los ojos, vivió  una sensación muy extraña, podría decirse que desconocida. Ya no había ruidos, ni estaba rodeada de coches, de pronto se hallaba inmersa en medio de un agradable silencio. Su nariz percibió olores cotidianos, olía a café recién hecho y a tostadas, reconoció el olor de sus sabanas….Aturdida y trastornada, y aun con los ojos pegados, intentó poco a poco recolocar los recuerdos en su mente.  La entrevista, Laura, Miguel, su viaje, y, muy muy despacio fue tomando consciencia de cada miembro de su cuerpo, y de su posición en el espacio. Fue entonces cuando sin ella quererlo vino una idea a su mente: “ si ahora estoy despierta… antes… ¿estaba dormida?, significa que, todo… ¿¿HA SIDO  SUEÑO??!!!

 Su corazón dio un vuelco y comenzó a palpitar sin control. Paula sufrió una decepción momentánea pero muy profunda, intensa y de color negro. En aquel momento  entendió que acababa de despertar y que aquel claxon impertinente que no paraba de sonar, no era más que su despertador, que la devolvía a la realidad, a su rutina cotidiana.

Después de aquella impresión Paula necesitó quedarse un ratito mas en la cama para tratar de poner en pié realidad y ficción.

 

 

 

No era fácil renunciar de un plomazo al trabajo que deseaba, a una asistente personal como Laura, a Miguel y su mirada…

Durante unos minutos un montón de sentimientos en cadena pasaron por su corazón, por este orden: primero se sintió decepcionada, angustiada, deprimida, luego vino una tristeza que afortunadamente fue amainando, las palpitaciones remitieron… Poco a poco y a medida que conseguía serenidad iba recuperando también la consciencia de quien era ella. Pudo entonces reconocerse conforme con su vida y satisfecha de sus logros. Finalmente, justo antes de poner el pié en el suelo, se sintió invadida por una agradable sensación de aceptación y de ilusión por su existencia.

Aquel día, transcurrió como tantos otros de la vida de Paula, con sus clases, su ir y venir, su familia, sus personas queridas, su ropa, sus libros, sus objetos…y ella. Al caer la noche, antes de irse a dormir Paula escribió en su diario:

Martes 10 de Junio de 2008. Son las  23:00 de la noche. Hoy ha sido un día normal, sin embargo anoche tuve un sueño tan maravilloso y especial,  que me hubiera gustado convertirlo en realidad, el problema es que me pilló dormida y no pude. Así que hoy mismo me he propuesto que, si bien  no puedo realizar los sueños  que tengo mientras duermo, no dudaré en poner cada día, cada hora y cada minuto, todo mi esfuerzo e ilusión para hacer realidad los sueños que tengo mientras vivo y  estoy despierta.

 

Esta entrada tiene un comentario

  1. Como te dije, no tengo palabras, y sin palabras es difícil describir algo… simplemente que si ya es increíble el texto en sí, pensando en cuándo lo escribiste (dejas una pista), la edad que podías tener entonces, lo que escribiste entonces, lo que fue tu vida después… parece magia

Deja una respuesta

Cerrar menú

En esta web se utilizan cookies para garantizar el correcto funcionamiento de la misma. Si continúa navegando, entendemos que acepta nuestra Política de Cookies.