Cosas que pasan: por Eduardo Serrano Miguel

Hay cosas en esta vida que se buscan, se planifican, se lucha un largo tiempo por ellas y al final se consiguen. En general, casi todo en mi vida se puede explicar así, soy de esa clase de personas a las que no les gusta dejar demasiado a la improvisación, más bien intento tenerlo todo controlado. Mis decisiones se solían poder explicar de una forma racional y previsible.

Sin embargo, hay una excepción, y no precisamente poco importante. Si este año me encuentro liderando el Reto Solidario no es porque lo hubiera buscado, es algo que me encontré, es el producto de varias casualidades, de esas que por un segundo hacen que te surja el pensamiento de si será real eso que los románticos llamaban ‘destino’.

Nunca había colaborado en labores de voluntariado, sólo de forma muy puntual. No acierto a decir por qué, siempre me he tenido por buena persona y a la vez me ha gustado embarcarme en proyectos desafiantes, sencillamente no me lo había planteado.

El milagro ocurrió poco antes de la Navidad de 2018, aquel 20 de diciembre en el auditorio central, cuando se presentaba la última etapa de aquel reto en que se hizo el Camino de Santiago. Hablo en impersonal porque yo, aunque estaba apuntado a una etapa, al final no había podido hacerlo. Precisamente porque no lo había hecho estuve a punto de no ir a ese evento, pero al final, más “empujado” por otros compañeros que otra cosa, fui.

Algo se me removió por dentro aquel día. Cuando vi a esos chavales de Bobath, primero en el documental con esas frases suyas como “por qué tengo que estar yo aquí sentado”, y después ya en el escenario y en vivo, cuando Sebas decía que “quién nos dice que el día de mañana yo no me puedo estar tomando una cerveza con alguno de vosotros (…) ojalá que el Camino de Santiago sólo sea la primera etapa de un gran camino juntos” o Elena, precisamente Elena, contaba cómo la domotización proporcionada en el Reto 2016 “ha sido un lujo muy necesario”. Mientras luchaba contra mí mismo para contener las lágrimas, ¡quién me iba a decir que un año después, exactamente un día menos que un año, se iban a estar firmando dos cursos que yo había promovido para que Sebas y otros tuvieran una formación! ¡y quién me iba a decir que a la vuelta de la siguiente Navidad Elena me iba a estar esperando en la oficina!

Aquel día, además del arrepentimiento por no haber hecho el Camino, me llevé el compromiso personal de participar en el siguiente Reto Solidario para intentar ayudar a esos chicos. Así que cuando en marzo llegó la posibilidad de apuntarse, no me lo pensé. Recuerdo aquella primera reunión en aquella sala llena de chicas (me sigo preguntando por qué a estas cosas los chicos nos apuntamos menos), donde Laura explicaba que el Reto 2019 se trataba de un reto medioambiental. En un primer momento pude sentir algo de decepción, ya que yo me había apuntado para ayudar a esos chicos, pero la decepción duró sólo eso: un momento. Cuando siguió contando todo lo que íbamos a hacer y especialmente esa formación con la que les podíamos dar una oportunidad, supe que estaba en el lugar adecuado. Además, esa ilusión tan sincera que Laura transmitía despejaba cualquier duda: ¡íbamos a hacer algo grande!

Mis primeros pasos fueron erráticos, luego me fui enganchando poco a poco. Hubo varios días en que notaba que algo dentro de mí estaba cambiando, recuerdo varios momentos: cuando la directora de Bobath se emocionaba al contarle una posibilidad que podía ayudar a algún chico suyo sin ayudar en nada a su Fundación, cuando me insistía en que los conociera directamente, y claro, cuando conocí a la primera persona con parálisis cerebral con la que hablé cara a cara: Elena, precisamente Elena. Recuerdo mil sensaciones de mis conversaciones en Bobath con Elena, pero sobre todo recuerdo que una vez pasé miedo conduciendo de vuelta a Telefónica, miedo de tener un accidente porque no podía parar de llorar.

Grandes momentos fueron cuando conocimos la formación que ofrecía Down Madrid y que se podía adaptar a los chicos de Bobath, aquellas reuniones en Down Madrid en que su directora de formación nos transmitía tanta positividad e ilusión, después de que en algún momento nos había parecido que podíamos perderlo. Fue un gran día cuando supimos que, con nuestra ayuda, había presupuesto para llevar a cabo también la formación específica para 10 chicos de Bobath que un gran profesional como Enrique Pino había diseñado. Y llegamos al día memorable que indicaba antes (un día menos que un año tras el evento de 2018) en que se firmaron las dos oportunidades de formación: el acuerdo Bobath – Down Madrid y el curso de Enrique Pino, y fue el mismo día de la fiesta de Navidad. Además, el plan de formación de Enrique Pino finalmente se pudo financiar completamente con nuestras aportaciones de Operaciones TIWS.

Esto es algo de lo que todos podéis sentiros particularmente orgullosos: con cada euro en la hucha de Pedro, con cada entrada de la fiesta de Navidad, con cada foto solidaria, con cada boleto de lotería o de la rifa… con eso, entre todos, hemos financiado la formación que ahora 10 chicos de Bobath están recibiendo para ser Educadores Medioambientales.

Enmedio de estos momentos, un día Laura me propuso que yo liderara el Reto Solidario el año siguiente. Me guardo para mí el motivo por el que después dije que sí y me presenté como candidato a líder del Reto, pero media también otra circunstancia casual sin la cual probablemente no hubiera ocurrido.

Así fue como se fueron encajando las piezas del puzle que hace que yo lidere este año el Reto Solidario, Reto que desde el principio decidí dedicar a la diversidad, poner como gran objetivo la inclusión y focalizar en Bobath. Sin embargo, el contenido del Reto 2020 no es en absoluto algo que haya hecho yo solo, de hecho, surge también como un puzle con piezas que fui recogiendo de diferentes personas, muchas de ellas también fruto de preciosas casualidades.

Y así fue como yo descubrí que había todo un mundo que yo ignoraba. Y también como descubrí que, aunque es bueno tener grandes objetivos, planificar cómo conseguirlos y trabajar duro hasta lograrlos, también hay cosas maravillosas que descubres por casualidad. Así que a veces es mejor estar atento a lo que la vida quiere decirnos, no vaya a ser que por ceñirnos al plan establecido, dejemos pasar el tren que nos conduce a nuestros sueños.

Por cierto, que Elena esté con nosotros es también fruto de algunas casualidades, pero eso os lo contaré más adelante.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Simplemente Genial

  2. Gracias por compartirlo Eduardo. Yo estoy impresionado por tu transformación personal y profesional de los últimos meses. Estás “on fire” y es un placer acompañarte y verte trabajar. Felicidades.

  3. Qué generoso eres Eduardo compartiendo vivencias y sentimientos tan íntimos, me quedo admirando tu ilusión y empuje. Una dulce casualidad coincidir contigo en este viaje 😉 ¡Gracias por tanto y sobre todo por lo que aún queda!

  4. Te admiro por tu compromiso con todas estas actividades con la falta de tiempo que sé que tienes en tu día a día. Eres un Crack!!!!

Deja una respuesta

Cerrar menú

En esta web se utilizan cookies para garantizar el correcto funcionamiento de la misma. Si continúa navegando, entendemos que acepta nuestra Política de Cookies.