Vacaciones de verano con alma: por Elena Arranz Martínez

Un precioso día de junio con el cielo azul como un completo mar en calma, mamá sentó a Irene y a sus dos hermanos Diego y Lola para decirles:

– Este año no podremos ir al pueblo, ni tampoco a la playa niños. Como sabéis hay un bicho muy feo del cual tenemos que protegernos. También tenemos muchos gastos y por eso este año papá y yo hemos decidido que no podemos salir de vacaciones.

Cada año ellos ayudaban a papá emocionados a organizar el equipaje dentro del maletero, de hecho, ya se habían planteado como seria este también, aunque fuese un año raro. Así que los niños asintieron y se levantaron de la silla cabizbajos.

– ¿Pero de verdad no vamos a ir a la playa? Si no vamos no podremos comer helados, ni jugar con otros niños en la piscina del hotel, ni tampoco veremos esconderse el sol mientras todos paseamos…

– Todas esas cosas están muy bien niños, pero todo eso supone mucho dinero, además, hay que tener especial precaución con este virus pegajoso que no podemos ver. Por ello, sería bueno que empezarais a valorar más las cosas que tenéis – contesto mamá un poco seria.

– ¿Valorar? ¿Cómo se hace eso? – Preguntó Lola, la más pequeña-.

– Vamos a hacer un juego para que lo entendáis. Vais a coger unas cartulinas de colores y escribiréis y dibujaréis en ellas cosas que os gusten hacer en nuestro barrio, en nuestro parque, con las cosas que tenéis y con cosas que os inventéis, pero que se puedan fabricar por vosotros mismos, sin tener que comprar nada nuevo, ¿de acuerdo?

Irene miró a sus hermanos y empezó a pensar en todas las cosas que podía escribir en sus cartulinas.

Mamá llegó con las cartulinas y los tres se pusieron en la alfombra de la habitación con todos sus juguetes alrededor. Irene pensó: ¿Cómo sería no volver a jugar con ellos? Miraba a su muñeca favorita, los trenes y los peluches. Se puso a dibujar las riquísimas galletas de la abuela, a ella y sus hermanos jugando en el parque al escondite. Imaginó también todo el tiempo que tendrían libre para reír y jugar durante este caluroso verano.

La tarde transcurrió tranquila mientras los niños dibujaban con tizas de colores y acuarelas luminosas. Tanto Diego como Lola se pintaron las narices unos a otros y sus risas llenaron cada rincón de la casa.

Cuando papá llegó no entendía qué estaba pasando y la niña más observadora se lo explicó rápidamente:

– Estamos jugando a imaginar cómo disfrutar de este verano sin nada nuevo. Ya casi lo tenemos, ahora te lo enseñamos.

El padre esperó intrigado, y cuando los niños salieron de la habitación corriendo con sus cartulinas terminadas se quedó muy sorprendido. Irene, la mayor, tomó la palabra:

– Mira papá, esto son cartulinas con amaneceres dibujados para pegar en las ventanas y no echar tanto de menos los amaneceres de la playa.

En esta otra cartulina aparece la receta de las riquísimas galletas de la abuela del pueblo. Nos ha dado la receta por teléfono para que juntos podamos tratar de hacerlas como ella.

En esta cartulina Diego ha dibujado montañas y un bocata de tortilla para que os acordéis de que podemos hacer excursiones por aquí cerca como las que tanto nos gustan, sin olvidarnos de las mascarillas personalizadas.

Por supuesto, aquí Lola ha dibujado todos nuestros juguetes en un parque, porque nos gustaría salir a la calle con ellos y poder disfrutarlos con nuestros amigos.

En ese momento llegó mamá y cuando vio la sonrisa de papá se abrazaron y dieron un gran aplauso a los niños por aprender a comprender el auténtico valor de la vida.

Mamá y papá nos transmitieron con gran amor el siguiente mensaje: “este año se convertirá en un verano de los más extraños, sin embargo, haremos que sean los mejores meses estando más unidos que nunca, disfrutando de nuestros alrededores de manera responsable, y así entre todos ahuyentar al maldito coronavirus”.

Aquella noche Irene antes de cerrar los ojos, se quedó reflexiva al leer el cartel que le regalo su querida abuela, que decía lo siguiente:

MANUAL DE LOS SUEÑOS

AMA todo lo que hagas

ESCUCHA a tu corazón

IMAGINA tu futuro

CONFIA en ti

EQUIVOC ATE es necesario para crecer

SIGUE tu pasión

CREE en tus sueños y los alcanzaras

ILUSIONATE con todo

ARRIESGA para ganar

 

Así fue como la niña pudo conciliar el sueño, pensando en el maravilloso verano que tendría junto a su familia, aunque se quedasen en Madrid.

Además, Irene aprendió que es más importante SER que HACER.      

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